Y quizás, entre todo este ritmo frenético hemos perdido la esencia del ser humano. La biodisponibilidad a la búsqueda del alimento, al movimiento y actividad diaria y, en definitiva, a la supervivencia. Actualmente todo es accesible, envuelto en miles de plásticos y cajas de cartón. Alimentos con una caducidad interminable y sabores que no te recuerdan a nada en particular.
Y mientras, muchas de las enfermedades siguen estando asociadas a ese estilo de vida, a esa alimentación procesada.
Quizás si hiciésemos un alto y echásemos la vista atrás, a nuestros antepasados, comprobaríamos la importancia de nutrirse con alimentos naturales, sencillos y cercanos. Quizás así solucionaríamos muchos de los problemas de salud que nos acompañan y a los que nos estamos acostumbrando. Y quizás así también haríamos un favor a nuestro ecosistema.
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